Los días de mierda tienen muchas cosas buenas. Sobre todo para quienes tenemos ciertas aptitudes artísticas.
No pretendo compararme, pero, ¿alguien cree que Oscar Wilde, Gloria Fuertes o Quentin Tarantino habrían llegado a donde están, si no hubieran tenido días de mierda?
Pues eso mismo. Aquel día de mierda, salí de mi casa lamentándome de mi mierda de suerte. Pero justo al salir, delante de mi puerta, me encontré un excremento canino. No era una caca vulgar, de ésas que proliferan en nuestros barrios gracias a los dueños guarros y asquerosos que se olvidan las bolsas de caca, no. Era un caca pisada y aplastada de tal forma que, en su apachurramiento aleatorio, había adquirido la forma de un corazón perfecto.
Era una metáfora en sí misma, un meme, una expresi´on artística insuperable, salvo, quizás, por la esperpéntica obra de Yoko Ono:
"El amor es una mierda".
Mi d´ia de mierda se llenó de inspiración, y decidí fotografiar cualquier cosa que se pareciese a un corazón, y demostrar así que el amor está en todas partes.
Hasta en las mierdas.

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